
Con el paso del tiempo y en la medida en que se definieron mi caracter y personalidad (o al menos eso creo), mi familia y amigos cercanos me han catalogado como "peliona o "brava". Todo a costa de haber descubierto que uno no tiene por qué quedarse callado ante situaciones que le molestan e incomodan y que debe expresar ese malestar a la o las personas correspondientes.
Entonces ocurre que a esto le llaman "pelear"; a mi manera de ver se llama Confrontación.
De acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española Confrontación es definida como:
(De confrontar).
1. f. Careo entre dos o más personas.
2. f. Cotejo de una cosa con otra.
3. f. Acción de confrontar (‖ ponerse una persona frente a otra).
Por ningún lado se menciona pelea, la cual a su vez es definida así:
(De pelo).
1. intr. batallar (‖ combatir o contender con armas).
2. intr. Contender o reñir, aunque sea sin armas o solo de palabra. U. t. c. prnl.
3. intr. Dicho de los animales: Luchar entre sí.
4. intr. Dicho de las cosas, especialmente de los elementos: Combatir entre sí u oponerse unas a otras.
5. intr. Resistir y trabajar por vencer las pasiones y apetitos.
6. intr. Dicho de las pasiones o de los apetitos: Combatir entre sí.
7. intr. Afanarse, resistir o trabajar continuadamente por conseguir algo, o para vencerlo o sujetarlo.
8. prnl. Desavenirse, enemistarse, separarse en discordia.
Y entonces resulta que en nuestros contextos socioculturales, si uno se expresa franca y abiertamente es una persona "peliona" o conflictivay si confronta a otro frente a un evento cualquiera y manifiesta su inconformidad ya está poniendo problema.
Tan inmersos en los estereotipos de nuestra sociedad, en las "confrontaciones" armadas de los grupos violentos y cosas por el estilo, parece que no se viera la verdadera esencia del conflicto, hemos olvidado que un conflicto en realidad debería permitirnos crecer, aprender, construir. Nos acostumbramos al conflicto que destruye y entonces nos volvimos reacios a enfrentarnos, a hablar, a expresarnos, a confrontar nuestras opiniones con las de los demás, nos da miedo una confrontación real que demande pensar en un discurso, argumentar y exponer razones convincentes...
¿Será que sí es así?

